El Ministerio de Educación puso en marcha Chile Aprende y Avanza, un programa nacional que pone el foco en la educación parvularia, 1° y 2° básico, priorizando la enseñanza de la lectura y el desarrollo del pensamiento matemático. La iniciativa se sustenta en dos pilares: aprendizajes basales y cultura educativa, los cuales, de acuerdo con la evidencia de establecimientos que ya obtienen buenos resultados, se potencian mutuamente.
El Liceo Bicentenario Monseñor Enrique Alvear, ubicado en la comuna de Pudahuel, cuenta con una matrícula de 970 estudiantes, desde prekínder a 4° medio. Allí, los alumnos de 2° básico B recibieron una importante visita: la ministra de Educación, María Paz Arzola, llegó acompañada por el subsecretario, Daniel Rodríguez, para observar una clase de fomento lector a cargo de la profesora de Lenguaje, Ana Espinoza.
Al ritmo de su voz alta y pausada, la lectura “El paseo de Tomás” se abría paso en medio de 31 alumnos, despertando su curiosidad y entusiasmo. Luego, les explicaba que habían estrategias para mejorar la compresión lectora.
“Imaginar” es una estrategia -les decía, mientras caminaba por la sala-. Es formar ideas en nuestra mente sobre lo que leemos. Niños, cerremos los ojos y dejemos volar la imaginación. ¿Cómo imaginan el parque del cuento? ¿Qué sonidos podría yo escuchar en ese parque? ¿Viento, aire, risas? ¿Qué flores y árboles hay? ¿Qué animales podemos ver?
Una verdadera explosión de respuestas surgió espontáneamente: “pájaros”, “niños”, “ladridos de perros”, “hojas en el suelo”, “ruedas de bicicletas”. Todos trataban de recrear en su mente el parque que visitó Tomás.
Y así, con simples estrategias como la descrita -hay muchas otras, como invitar a los alumnos a formular preguntas, recordar experiencias previas o inventar finales sorpresivos- la docente avanzaba en su misión, que no es otra que despertar el placer por los libros aplicando la mediación y el juego.
Cómo no recordar las palabras de la reconocida profesora Cecilia Beuchat, escritora de innumerables cuentos para niños, cuando decía que “la razón más poderosa para considerar la lectura en voz alta hecha por los docentes es la motivación que surge en torno a ella. Se produce un entusiasmo mutuo y en los niños nace el deseo de querer leer también”. Más aún, “si el profesor les leyera a diario, el niño tendría la oportunidad de escuchar cerca de 200 textos en un año escolar”.
Si quieres leer la columna publicada por la docente Ana Espinoza, te invitamos a descargar la Revista de Educación N° 418.