El único barco en el que Gabriela podía llegar a tiempo a Estocolmo, en Suecia, para recibir el Premio Nobel se llamaba “El Ecuador” y ya estaba saliendo de la rada de Río de Janeiro. El gobierno brasileño, en magnífico gesto a la altura de las circunstancias, ordenó que el navío volviera al puerto y se mantuviera allí para que Gabriela, junto a Laura Rodig, en calidad de secretaria, y Berita Sjorberg, joven sueca que hacía de traductora, pudieran subir a bordo. Así, comenzó un viaje único, que Revista de Educación relata en esta crónica.
IMAGEN: Gentileza Legado Gabriela Mistral-Archivo del Escritor-Biblioteca Nacional de Chile.
El 15 de noviembre de 1945 fue, sin duda, un día inolvidable para Gabriela Mistral. Ella misma lo corrobora cuando tiempo después en una entrevista con la escritora chilena Matilde Ladrón de Guevara, cuenta: “Estaba sola en Petrópolis en mi cuarto del hotel, escuchando en la radio las noticias de Palestina. Luego de una breve pausa en la emisora, se hizo el anuncio que me aturdió y que no esperaba. Caí de rodillas frente al crucifijo de mi madre, que siempre me acompañaba y bañada en lágrimas oré: ¡Jesucristo, haz merecedora de tan alto laudo a esta humilde hija! Pero en esa época vivía la espantosa tragedia de mi Yin y estaba al margen de la vida. Todo me era indiferente, aún eso”.
Esa pausa radial, más larga de lo común, fue lo que a Gabriela le llamó la atención e hizo que se inquietara y fijara su vista en la radio, enseguida escuchó al locutor leer lo siguiente: “Señoras y señores, estamos en este preciso momento recibiendo un cable enviado de Estocolmo, desde la lejana Suecia, que nos informa que hoy se acaba de dar a conocer el ganador del próximo Premio Nobel de Literatura. Tengo el gusto de señalar que ha sido otorgado a una poetisa latinoamericana, que vive con nosotros ya que es Cónsul de Chile en Río de Janeiro. Se trata de la distinguida poetisa Gabriela Mistral…” (sic).
¡No puede ser!, gritó ante el anuncio y durante un largo rato se quedó arrodillada, bajó la cabeza y entre fuertes sollozos miró al cielo y exclamó: “Gracias Dios mío, ¿crees que merezco tanto honor?”
En el intertanto, su asistente en labores de casa, llamada Nancy, quien le acababa de dejar la bandeja con su desayuno que, como era habitual, consistía en una taza de té y galletas con mermelada, entró rauda al dormitorio y la vio en ese estado y ahí quedó, observando la escena sin saber qué hacer, dicen algunos apuntes biográficos. “Si la muerte de Yin Yin le había dado un vuelco dramático a su vida, el Premio Nobel de Literatura le daría otro giro a su existencia”, apunta al respecto, José Goñi, en su libro “Gabriela. Su difícil camino al Nobel”.
Se difunde la noticia por el mundo
Al poco rato del anuncio radial, Gabriela Mistral recibió al embajador de Suecia en Brasil, Ragnar Kamlin para informarle oficialmente que le habían conferido el Premio Nobel y casi al mismo tiempo la llamó por teléfono el entonces embajador (s) de Chile en Brasil, Raúl Morales Beltramí, quien le retransmitió el cable de Enrique Gajardo (el titular, ministro plenipotenciario) que decía: “Tengo el agrado de informar a U.S. que nuestra ilustre compatriota Gabriela Mistral ha sido agraciada con el Premio Nobel de Literatura correspondiente a este año (1945). Ruego a U.S. informar a la interesada, expresarle las cordiales felicitaciones de esta misión y rogarle informe cuándo y en qué medio de transporte llegará a Estocolmo”. A todo esto, el hotel donde alojaba se repletó de gente que la quería felicitar y cientos de cables saludándola eran recibidos y leídos por sus secretarias, estaba feliz, pero, a su vez, muy ansiosa, ya que le impedían organizarse rápido y ordenar sus cosas para tomar un barco de carga que zarpaba prontamente hacia Europa.
Pero fue en medio de esos ajetreos cuando recibió, entre los cientos de mensajes que ya se habían acumulado en una mesa de su cuarto de hotel, uno que sí le llenó el corazón, se trataba de un mensaje de su querida y gran amiga, la escritora ecuatoriana, Adelaida Velazco-Galdós, quien la postuló e hizo campaña por ella para candidata al Nobel.
“Te llegarán mis líneas y tendrán para ti como un rumor de lejanías, el susurro acariciante de mis riberas, que un día te aclamaron en apoteósico homenaje y te dirán también que el Ecuador, mi patria, tuvo la clarividencia de tu destino. Pero acaso te dirán algo más hondo, que te llegará al espíritu: te dirán que los niños ecuatorianos, los niños de tus escuelas, cantan las Rondas de tu inmortalidad, haciendo coro a todas las voces que se han levantado en América para aplaudirte. Y junto a ti, comparte también emocionada, tu triunfo aquella a quien tú, por el afecto, un día, la titulaste Hermana”. En Guayaquil, noviembre, 16 de 1945.
Y para completar esa alegría también había un telegrama muy escueto que decía: ¡Emocionadísima! ¡Abrazote!, era de su hermana Emelinda.
Reportaje completo en: Revista de Educación N° 413. Edición Especial Premio Nobel de Gabriela Mistral.